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SAUER 202 calibres 6,5x55 / 30-06 / 9,3x62 
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Transcribo de POR AMOR A LAS ARMAS mis recuerdos sobre el Sauer 202, capitulo con el que concluye ese libro:

"Rifle Sauer 202, a cerrojo, cal. 6,5x55 Swed./9,3x62/30-06 Spr.
El Sauer modelo 202, desde su lanzamiento en 1993, me había suscitado un enorme interés. Su sistema de caños intercambiables, sus líneas clásicas y el prestigio de la marca, me resultaban particularmente atrayentes.
Cuando tuve en las manos el que Jerry me había reservado en Colector´s no dudé en entregar el express español, que no me había traído otra cosa que malas experiencias.
Claro, entregaba un arma costosa y pedí dos cañones adicionales que no eran nada baratos y, además, había que importarlos de Europa.
El Sauer se destacaba por su fineza. Pocas veces había visto en un rifle de serie un nogal más noble y un pavón tan pulido y brillante. Era el modelo de lujo de la serie 202 y tenía algunos detalles de terminación muy exclusivos. La culata lustrada al aceite y los remates de rosewood en el pistol grip y en el extremo de la caña, terminada en schnabel. El cerrojo, con una manivela tipo Mannlicher, corría con una fluidez que revelaba una terminación a mano. El gatillo regulable era una verdadera maravilla. También el apretado segrinado que indicaba la participación de artesanos expertos. Ese rifle llevaba una gran mira, que reconozco como una de las mejores del mercado americano, se trataba de una Leupold Vari X III 3,5 a 10 x 50, montada sobre unas bases pivotantes Redfield, con el mismo pavón brillante que lucía en el arma.
En realidad la culata estaba constituida por dos partes, unidas por una pieza de acero angosta pavonada que corre desde el armazón al arco de guardamonte, a la altura del disparador. Los porta correa eran de quita y pon a presión y la fina cantonera de goma oscura era una original de Sauer.
Todo el rifle denotaba la tradición de las grandes armas europeas, en su versión más clásica. Diferente al efecto de mi Blaser, con su culata sintética y el pavón mate.
Sin embargo, el intercambio de calibres no resultaba tan rápido y era necesario desmontar el cañón desde el extremo de la caña con una larga llave tipo allen, la misma que servía para sacar la culata. Además, su estructura estaba concebida para llevar una sola mira telescópica, limitando su centrado a un solo calibre. Problema prácticamente insalvable, salvo si se dispusiera de varios telescopios provistos de montajes que conservaran
el cero.
El rifle, con el que contaba como base, era el modelo diseñado para disparar calibres estándar, aunque sabía que la Sauer fabricaba un modelo análogo recamarado para calibres Mágnum. Como ya tenía el Blaser con los más eficientes Mágnum del mercado, di la bienvenida a los cartuchos estándar, que siempre he apreciado por sus magníficas prestaciones a distancias normales de cacería y su retroceso moderado, que permite largas sesiones de polígono.
Su calibre, el probado 30-06, era una garantía y no me equivoqué cuando lo complementé hacia abajo con mi admirado 6,5x55 Sueco y hacia arriba con el 9,3x62 Máuser.
Probé el 30-06 en el Polígono con una recarga que le desarrollé a partir de la que tan excelentes resultados me había dado en la pistola Encore.
Se trataba de una punta Nosler Ballistic Tip de 165 grains impulsada por 50 Grains de Hogdon Varget.
Esa combinación, consistentemente, daba una pulgada a cien yardas, pero la consideraba un poco liviana para un rifle destinado a caza media y media grande. Entonces hice un ensayo con la nueva Hornady Light Mágnum de 180 grains, que desarrollaba prestaciones idénticas a mi 300 Holland con la misma punta. No resultó ser tan precisa, poco mas de 1 ¼ de pulgada. Sin embargo la consideré más que suficiente y, teniendo en cuenta su potencia, decidí centrar el rifle con ese cartucho.
Cuando llegaron los cañones 6,5 y 9,3, comprobé que, a diferencia del 30-06, llevaban un estupendo conjunto de miras metálicas regulables. El rifle que había comprado estaba destinado al mercado americano, que tiende
a prescindir de estas útiles miras auxiliares, que resultan invalorables para el caso que la telescópica sufra algún accidente.
El 6,5x55 se comportó extraordinariamente bien con una recarga de 42,5 grains de Hogdon 380 y una punta de 140 grains también de Nosler Ballistic. Un poco liviana para el calibre, pero muy precisa. Daba ¾ de pulgadas a 100 yardas, con la ventaja adicional de impactar casi en el mismo sitio que la 30-06 Hornady Light Magnum. Anoté los pocos clicks necesarios para que la Leupold se acomodara exactamente al 6,5, pero tenía la tranquilidad de saber que, aún sin tocarla, ambos cartuchos estaban siempre en el blanco.
Con respecto al 9,3x62, nunca había disparado con este calibre, pero conocía su balística y el reconocimiento que había ganado en el numeroso grupo de deportistas que practica la caza mayor en Europa, por su contundencia y bajo retroceso. Comprobé ambas condiciones con munición
factory que llegó con el arma y que hasta ahora no he podido superar. No se si por astucia de Jerry o por alguna razón que ignoro, entraron con el rifle varios cientos de cajas de 9,3x62 RWS Tug Breneke de 286 grains, una munición superlativa en calidad y también en precio. Ese cartucho redondea sistemáticamente una pulgada a 100 yardas. Como me pasó con el Valmet en 7x57R, no he logrado hasta ahora igualarla; pero sigo intentando hacerlo, porque las recargas no solo sirven para mejorar el rendimiento de las comerciales, sino también para abaratar costos y lograr autonomía.
Desafortunadamente, el 9,3x62 pegaba demasiado abajo y a la derecha para usar la misma regulación de mira, pero también tengo anotados los clicks necesarios para acomodar la Leupold a ese calibre.
El poder de detención del 9,3x62 se parece mas a un 375 que a un 30-06. La mayor masa a una velocidad moderada produce ese efecto y lo comprobé con un axis, con el que el Sauer, en ese calibre, hizo su bautismo de sangre.
Fue en esa época cuando Fernando concretó su promesa de invitarme a una cacería de ciervos colorados en el cazadero que venía organizando en el sur de Chile durante los últimos dos años. Su familia había vendido la empresa que sus abuelos habían fundado en Santiago y junto con un primo había montado un magnífico coto.
Comencé inmediatamente las gestiones para la exportación temporaria de un fusil de caza. En el Consulado chileno me advirtieron que el trámite pasaba ahora por el Ministerio de Defensa que imponía una limitación importante en la cantidad de munición que podía llevarse con el arma. Me dijeron que solicitara la introducción de 20 cartuchos, pero me comentaron que, a veces, la concedían por menos. Esto significaba una importante restricción, que me impedía llevar mis rifles en calibres demasiado sofisticados. Es cierto que en caza mayor se disparan muy pocos tiros, pero la posibilidad de quedarme sin munición en medio de una cacería me horrorizaba. Opté entonces por el Sauer en 30-06, con una caja de Hornady Light Mágnum del popular calibre 30-06.
En realidad fue una decisión acertada porque el 30-06 cumplió con excelencia su cometido y solo disparé 5 tiros: 2 para verificar la mira después del viaje y 3 para cobrar los tres ciervos que me asignó Fernando.
Me encaminé entonces a Dallas para embarcarme hacia Santiago de Chile y desde allí a Curicó, en cuyas cercanías se encontraba el establecimiento de Fernando.
En el pequeño aeropuerto de esa bella ciudad austral me esperaba la hija mayor de mi amigo Pablo Nieto, que Fernando había contratado para que se ocupara de las tareas de relaciones públicas del coto.
Allí me encontré con Fernando muy afectuoso, como siempre ha sido durante tantos años, en el curso de los cuales hemos terminado por comprender nuestras recíprocas virtudes y defectos.
Le pedí hacer unos tiros para verificar la mira y tiré dos a yardas en el polígono que Fernando había instalado en el jardín del campo.
Ambos impactos se colocaron a poco más de una pulgada y media entre sí y a dos arriba del blanco. Perfecto.
Esa misma tarde, Fernando me propuso una breve recorrida por el coto.
Desde un principio me fascinó la belleza natural de la zona, con colinas y llanos poblados por los nobles árboles autóctonos de nuestros valles patagónicos. El gran espacio estaba repartido en montes abrigados y grandes claros, con buenos miradores estratégicamente ubicados. Estábamos en plena brama y pude ver una cantidad excitante de manadas de hembras y grandes machos, esparcidos por toda la extensa superficie. Las cornamentas meimpresionaron. Entonces Fernando me contó que para poblar el coto se había provisto de hembras argentinas, pero que los reproductores eran neozelandeses, que desarrollan unas aspas exuberantes.
Las dos casas principales y el gran depósito, estaban construidos en troncos vírgenes de la zona, a la manera de enormes cabañas, con grandes ventanales mirando al extenso jardín que las entornaban. Una de ellas se destinaba al living, dominado por una enorme chimenea con las paredes cubiertas de trofeos. Allí estaban el comedor, la sala de armas, el escritorio y las cocinas. Arriba se ubicaban las cómodas habitaciones para los huéspedes. En una casa gemela, con vitrales hacia los convocantes bosques, estaba el yacussi del tamaño de una piscina, baños sauna y de vapor, además de un equipado gimnasio. El establecimiento contaba con una buena cantidad de peones, guías y ojeadores, además del personal de servicio de la casa y dos cocineros.
Sin duda era una inversión ambiciosa, donde se habrá tenido en cuenta su rentabilidad económica. Ante ese escenario, le dije a Fernando que solo quería cazar un macho más o menos bueno, porque suponía que los cobraría adecuadamente.
Me agradeció el gesto y aceptó la propuesta, pero me agregó dos más que me iba a señalar que, por determinadas malformaciones debían ser eliminados.
Esa noche comimos estupendamente en compañía de un simpático chileno que no era invitado como yo, o sea que pagaría sus buenos miles de dólares por una cabeza. Entablamos inmediatamente una relación llena de cordialidad y simpatía. Había traído consigo su propio camarógrafo para editar un film con las experiencias de esa cacería. Le pregunté que arma iba a usar y me mostró un estupendo combinado basculante austríaco, construido en Ferlach con tres cañones, un 7x65R, un 5,6x50R y un 12/70.
Al amanecer del segundo día, después de un frugal desayuno nos encaminamos al cazadero. Fernando se quedaría con su huésped y a mí me acompañaría un guía. Me pidió que si veía algún vareto, o si el guía me señalaba alguno, podía dispararle, pero el macho bueno quería cazarlo conmigo. Me pareció natural, pero por otra parte no quería perder oportunidades porque tenía solo dos días más de cacería.
Con las primeras luces nos ubicamos en un alto apostadero que dominaba un llano de más de 2.000 metros.
Cuando asomó el sol toda la extensión se cubrió de ciervos. No podía creer el grandioso espectáculo. Los machos bramando y cubiertos de sudor defendían sus harenes en celo. Otros desafiantes bajaban al ruedo. A veces se golpeaban las aspas y se empujaban con brío. Otros abandonaban el campo, mientras que los machos jóvenes observaban los duelos. Largo rato estuve mirando el formidable espectáculo con los binoculares. Había sin duda muy buenos trofeos.
De golpe entró un macho enorme bramando y sudando, saliendo del monte hacia el centro del valle. Allí un ejemplar soberbio cuidaba su rebaño, con las hembras y unas crías postreras.
“Esas crías morirán -me dijo el guía- ya llega el invierno”.
Ese, me dijo el criollo, es un asesino. Y me mostró a un macho desafiante. Miré hacia el intruso y pude ver que sus aspas enormes no eran parejas. La izquierda tenía una punta saliente, sin ramales vecinos que pudieran parar los puntazos. Cuando los rojos se embisten, las aspas gemelas impiden las heridas mortales. A veces se desliza un roce. Pero es el peso y el valor el que define el lance. Cuando el guía me dijo: “ese es su ciervo”, se lo hice repetir porque me pareció demasiado bueno.
Medí la distancia y estaba muy lejos. A unos ochocientos metros.
Jamás tiraría con el 30-06 a mas de trescientas yardas a un macho tan bueno. Y si lo hería. No, debía asegurar la presa, pero nunca perderla. El guía me invitó a bajarme para entrarle por detrás y contra el viento. Bajamos lentamente, pero corrieron las hembras que estaban más cerca. Nos quedamos quietos y contuvimos el aliento. Pero el bosque seguía repleto de ciervos y el mío, al borde del bosque, en el mismo sitio en el que lo habíamos visto. Con mucha emoción nos metimos al monte. Pisaba sobre las huellas del guía, muy atento a las ramas, con los movimientos lentos.
Dimos la vuelta al valle, en total: 3.000 metros.
Con mucha precisión el guía se adelantó hacia el borde de las líneas postreras del bosque y me dijo: “allí está, acérquese”. Miré al suelo, doblé la columna y me junté al guía, en el confín del monte, y miramos. Me dijo: “allí
está entre esas hembras”. Miré y pude ver las aspas, me parecieron enormes y bellas. Medí la distancia y estaba a 180 metros. Respiré, concentré la vista en el macho, esperando que se moviera. De repente trotó y frenó para lanzar un tremendo bramido. Me daba el costado y lo tenía en la mira, con la caña del Sauer en la mano izquierda y la mano apoyada en el tronco de un cedro. Apreté el disparador y no pude ver nada. Después la palmada del guía. “Ahí cayó”, me dijo. Estaba boqueando cuando llegamos al sitio. Había corrido más de cuarenta metros. Típico tiro de corazón y arterias, pero con compás y regla. Lo despené, conmovido todavía por las emociones vividas, y con la buena petaca brindamos por el macho asesino que había terminado en su ley sus arteras correrías.
Volví en triunfo a las casas para contar la aventura. Que exageró en la distancia la narración del guía.
Fernando y su cliente no se habían puesto de acuerdo en la elección del trofeo, pero juntos vimos la grabación del video. Con el zoom, el escenario cobraba grandeza, aunque era el mismo espectáculo que habíamos visto por la mañana.
Almorzamos y nos sentamos en el living para hablar de armas y cacerías. Entonces surgió una disputa y luego una apuesta. Fernando sostenía que podía disparar un rifle con mira telescópica más rápido que cualquiera con mira abierta. El huésped chileno y yo sosteníamos que siempre la mira metálica es más rápida a corta distancia, siempre y cuando el tirador tuviera suficiente destreza.
Decidimos entonces dirimir posiciones sobre el terreno. No apostamos dinero porque es de mal gusto, pero si los cuchillos de monte que llevábamos en la cintura.
Se colocaron entonces Fernando y su huésped chileno codo a codo, con un bidón de aceite a 30 metros como blanco.
Fernando con un Mauser Stutzen 7x65R con una mira Zeiss 2,5 a 8; y el otro chileno con su combinado austriaco -sin la buena Kahles que llevaba en riel- solo con la mira llana.
A mí me tocó anunciar el inicio.
Preparados, listos y disparé un revólver.
Al mismo tiempo tiró el chileno. Fernando no tuvo tiempo ni para echarse el rifle a la cara.
Festejamos los ganadores y decidimos jugarnos el cuchillo de Fernando en un partido de pool.
Sin embargo, cuando vimos el blanco tenía dos impactos...
Que había pasado.
Entonces el chileno confesó: había disparado con el cañón de escopeta y con postas.
Festejamos la trampa, pero decidimos repetir la prueba.
Entonces quise intervenir y le pedí a Fernando pasar al armero, donde había varias armas que habían sido mías. Pero elegí un Smith & Wesson 686 de 6 pulgadas en 357 Mágnum. Lo cargué con 38 Special y me puse en la línea.
Tenía la certeza que a los 30 metros ninguna de las armas presentes podía igualar en velocidad y eficacia a un buen revólver.
Conclusión, me quedé con los cuchillos de mis competidores. Con tres impactos en el blanco sobre uno que logró colocar el chileno. Después los perdí en el partido de pool, pero nos divertimos mucho.
Por la tarde volví al bosque con mi guía, que había demostrado su experiencia en el lance matutino. Vimos muchos ciervos y me mostró un vareto. No quise tirarle, porque era un blanco muy fácil y preferí reservar
ese disparó para alguno que realmente valiera.
Esa noche dormí con sueños amables de espesuras y bramas, colorados valientes y fusiles precisos.
Antes del alba nos encaminamos, Fernando y yo solos, como tantas veces en diferentes lugares. Mi antiguo compañero de caza llevaba un Blaser R93 en 7x57, buena elección pensé cuando llegamos al puesto.
Subimos al mirador sobre un abra mucho mas angosta y larga que la del día anterior. Clareando comenzó el concierto y las embestidas para disputarse el control de las hembras. Los dominantes eran cuatro grandes
machos con cornamentas de más de 14 puntas. No quería imaginarme lo que cobraría Fernando por alguna de esas cabezas. Esperé con prudencia exterior e impaciencia interna que Fernando me señalara alguno.
Subió el sol y apareció un vareto. Fernando me ofreció tirarle, pero le dije que espantaríamos innecesariamente al resto de los ciervos.
Por fin Fernando me señaló un macho. Era enorme y velludo, demasiado viejo para cubrir las hembras y demasiado astuto para obligarle a ceder su posición a otro mas apto. Me preguntó si me animaba a hacer ese
tiro. Medimos y estaba a 280 metros. O sea 300 yardas, un poco mi límite con esa arma, en ese calibre. No podía permitirme errar o malherir. Pero le dije que me tenía confianza si el colorado me daba el costado. Estaba muy
bien apoyado para poder hacer un buen tiro. En realidad le disparé cuarteado, pero la Hornady Interlock le entró en la caja toráxica y se expandió por completo, sin orificio de salida. Cayó en el sitio y fue un gran tiro. El viejo macho tenía 14 puntas bastante simétricas y bien perladas.
Fernando mató dos varetos con tiros muy largos para un 7x57. Uno a más de 200 yardas.
El, como yo, valoraba mucho ese calibre liviano y matador como pocos.
Estábamos descendiendo del mirador cuando Fernando me pidió silencio.
Me quedé enganchado en medio de la escalera y miré en la dirección que me había indicado. Un buen macho con la cornamenta deformada de 13 puntas estaba pastando a unos 140 metros, rodeado de hembras.
Fernando me susurró si me gustaba. Le dije que mucho y me acomodé lo mejor posible desde la desequilibrada posición en la que me encontraba.
Para colmo el colorado estaba oculto por las hembras y solo se le veían el cogote y la base de la espalda.
Traté de estabilizarme y concentrarme en el tiro. Tengo alguna experiencia en tiros de cogote, que casi puedo decir son mis predilectos por su espectacularidad y eficacia.
Cuando le disparé estaba tan relajado que casi me caigo de la escalerilla.
Pero a Fernando le pareció un tiro estupendo, porque nada produce al efecto de un buen disparo de cogote, donde el animal se derrumba aparatosamente en el mismo sitio.
Fernando me felicitó efusivamente y yo estaba feliz de haber cumplido mi cuota, deportiva y eficazmente con mi rifle Sauer en 30-06 Hornady Light Mágnum.
Volvimos llenos de entusiasmo para encontrarnos con el amigo chileno que nos mostró un soberbio macho de 16 puntas.
Pocas veces había visto una cabeza más perfecta, tan pareja y ancha con una corona espléndida.
Concluíamos exitosamente nuestra cacería chilena y decidimos hacer una gran comida de despedida.
El cocinero se lució y a los postres tomamos el café con un buen brandy en la sala de armas.
Allí ante el acerado escenario, todos nos quedamos en silencio. El chileno recordó los bellos momentos que disfrutó en su ya larga
vida en compañía de las armas.
Fernando hizo votos para que yo tuviera un puesto en África, para volver a vivir las emociones del bush africano.
Recordé con tristeza que llevábamos puestos nuestros buenos años y se acercaban los tiempos en que las aventuras armadas serían sólo recuerdos.
Fernando, con sabiduría, agregó que los actos humanos están destinados a escribirse, o al olvido.
Prometí entonces, solemnemente, escribir estas notas
Por Amor a Las Armas.
Aquí se las dejo."


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Mar Oct 10, 2017 5:43 pm
2


Registrado: Vie Jun 16, 2017 1:21 pm
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Hilario, como todos sus extractos, impecables. Aprovecho para preguntarle por el 9.3 x 62; es cierto que tiene mejor desempeño en carabinas?.
Saludos.
Manuel.


Mar Oct 10, 2017 6:51 pm
2

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Registrado: Jue Jun 23, 2016 8:58 pm
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Excelente Hilario.....he disfrutado mucho de la lectura y por supuesto del relato de la cacería......con respecto al rifle que decir......un clásico espectacular.....bien Europeo.....me ha tocado guiar en La Pampa a un cazador Sueco con calibre 6,5......hermoso calibre, el rifle era un Manlicher......si bien prefiero algo mas contundente para el colorado en el monte pampeano el 6.5 cumplio su trabajo.

Saludos.....


Mar Oct 10, 2017 7:35 pm
Contribuidor

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Registrado: Mié Abr 15, 2015 6:52 am
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Manu, no se si el desempeño del 9,3 es mejor en carabinas, si que la perdida de velocidad en muy poca desde un cañón de 18/20 pulgadas. Sobre el 6,5 debo decir que compite hoy en dia con mi favorito, que siempre fue para la Argentina el 300 H&H.


Mar Oct 10, 2017 9:35 pm
1

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Registrado: Vie Jul 29, 2016 3:11 pm
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SAUER 202, excelente, siempre me gustaron los modelos match, hoy lamentablemente discontinuados


Mar Oct 10, 2017 10:28 pm
2


Registrado: Vie Jun 16, 2017 1:21 pm
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Hilario escribió:
Manu, no se si el desempeño del 9,3 es mejor en carabinas, si que la perdida de velocidad en muy poca desde un cañón de 18/20 pulgadas. Sobre el 6,5 debo decir que compite hoy en dia con mi favorito, que siempre fue para la Argentina el 300 H&H.

Muchas gracias Hilario.
:ok3:

Saludos.
Manuel


Mié Oct 11, 2017 1:18 am
6


Registrado: Mié Abr 15, 2015 2:31 am
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Ubicación: moron buenos aires argentina
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Como siempre, comienzo a leer y veo en mi mente los echos relatados, muy buena historia y el relato es espectacular, gracias
me queda una duda? que hacen con la carne del animal?


Mié Oct 11, 2017 11:19 am
Contribuidor

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Registrado: Mié Abr 15, 2015 6:52 am
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Ubicación: Pcia.Buenos Aires
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Siempre se come. Pero en el coto de la historia, donde me invitaron gratuitamente, me avisaron con anticipación que se quedaban con la carne para la cocina.


Mié Oct 11, 2017 11:48 am
2


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Ubicación: CABA - Palermo
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Hermoso relato Hilario, como siempre,... me hacen revivir mis salidas en la cordillera !!! Felicitaciones y gracias por compartir ! LQ


Mié Oct 11, 2017 1:51 pm
1


Registrado: Sab Nov 12, 2016 9:55 am
Mensajes: 84
Ubicación: Bs Asdonaldjual
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Lo felicito por el relato, en la feria de este año habia uno igual al de la foto (no se que calibre) y no podia dejar de admirarlo. Un arma de exelencia y bella por donde se la mire. Gracias por compartir sus siempre interesantes vivencia.
Saludos


Jue Oct 12, 2017 9:11 am
cero

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Registrado: Lun Jun 26, 2017 12:48 pm
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Las palabras sobran, mas que dar las gracias por sus aportes al foro. Sr. Hilario he decido desprenderme del .338 y cambiarlo por un 9.3X62, se consiguen insumos para la recarga?

_________________
.338 Win. Mag.


Dom Oct 15, 2017 1:48 pm
Contribuidor

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Registrado: Mié Abr 15, 2015 6:52 am
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Ubicación: Pcia.Buenos Aires
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jose, hasta hace poco se conseguían factory Sellier & Bellot y Remington, pero en el caso que no se importen mas la vaina sale de un 30-06 con dado rectificador y fire forming y la punta trefilando a 366 una punta para el 375. Excelente calibre para puntas fundidas en plomo duro.


Dom Oct 15, 2017 4:34 pm
cero

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Registrado: Lun Jun 26, 2017 12:48 pm
Mensajes: 28
Ubicación: ALVAREZ
Reputación: 0
Gracias Hilario, por lo visto esta un poco jodida la recarga. Lo primero que voy a hacer es tratar de conseguir insumos luego veo lo del fusil.

_________________
.338 Win. Mag.


Dom Oct 15, 2017 5:19 pm
Responder al tema  [ 13 mensajes ] 

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